Pánico corrosivo A(H1N1)
-Ella murió! , El murió! , ellos morirán… ¿y yo?; me resulta difícil recordar lo sucedido, quizá lo he dejado en otro lugar, como una impresión que se gravó en mi mente pero que quisiera dejar atrás, una enorme confusión ronda mi cabeza; recuerdo tapabocas, pánico, muertes, desmayos, vómitos, borbotones de sangre y a mi queridísima gente…
Otro día en cuarentena. Desesperado y enloquecido estoy, mientras veo que ni siquiera una rata se asoma en el pavimento, ¿Quién lo iba a creer? En pleno siglo XXI (Eso es lo que dicen), si nos hubiéramos enterado antes…Pero no, todo se lleva hasta las últimas consecuencias y manipulado por quien quiera, la idea de morir me asusta, pero, a la vez, me crea una nueva ilusión, viene cuando menos la esperas y siempre está cerca, así no te percates de ello.
Una mujer en el TransMilenio murió. No llevaba protección; ¡Mujer quieres contagiar al mundo entero!; Si es posible no moriré sola,-no tienes ni idea cuán mal se siente estar contagiado sin poder hacer nada, esperando que te aíslen y luego esperar la muerte; para eso prefiero hacerles el favor de sus vidas a muchas personas: -Además, estoy segura que ellos en el fondo lo anhelan, como yo también lo hago.
A pesar del mucho frío que hacía la mujer sudaba como si una fuente de agua se encontrara en su interior. Con firmeza tomó su maleta y fue al paradero del alimentador, el verde, de aquel bus alargado, ahondó hasta la última membrana de sus ojos en los cuales se notaba un brillo peculiar, sintió que un gran estornudo venía, no se preocupó por paralizarlo sólo lo dejó fluir. Millones de partículas infecciosas a flote, en medio de barandas y sillones en las que recaían; siguió sin importar las salpicaduras que había dejado atrás, Un niño con un pequeño tapabocas la miro estupefacto, no volvió su vista, el no se lo perdonaría.
El alimentador llegó a su paradero, la mujer aceleró su paso, mientras en su cabeza rondaba la incertidumbre, aquellas escaleras metálicas sonaron más que siempre y sus pasos retumbaban en sus oídos como hace un momento lo había hecho el estridente color verde en sus ojos. Abordó el H13; trece, el número al que se le atribuye la mala suerte, suerte que correrían todos los que se encontraban allí, muchedumbres asfixiadas por el sudor y aglomeración. La mujer aguardaba el momento de actuar, luego no habría escapatoria…
-¿Le ayudo con su equipaje?
-No gracias- dijo ella apáticamente al individuo que por compasión ofreció su ayuda. Recelosa divisó el panorama; el momento había llegado. Estornudó por última vez, tomó el arma y empezó a hacer orificios en su cuerpo, más y más profundos cada vez; inició con sus pulmones, apuñalándolos sin piedad su mano ya ensangrentada pasaba por su vejiga, hasta que con debilidad culminó su recorrido en pleno corazón. La sangre se difuminaba como si tuviera vida propia y la orina que esparcía a causa de la herida de su vejiga se expandía en el piso, traspasando los zapatos de tela y untando suelas de caucho.
Los pasajeros se encontraban atónitos; los gritos no se hicieron demorar, mujeres tocando las puertas y rogando por salir, niños perdidos buscando a sus madres, hombres absortos y tambaleantes, ancianas y ancianos con ataques epilépticos; todo por la acción de una mujer. La desesperación y el sofoco eran inaguantables, ¡el primero cayó!. Era un pequeño niño de brazos, su madre gritando y estrujándolo, para que nada le pasara terminó asfixiándolo. De cada cinco personas una murió, no desearía entrar en detalles, todo sigue revuelto y es fatal.
De nuevo las imágenes reaparecen, aquellos gritos perturban mis sueños y se mezclan con mi realidad. “cuidado la pandemia se acerca”, no nos damos cuenta que esa ya hace mucho tiempo que existe, Es un virus que se propagó hace siglos y que pocos logran salir de él ; no es algo físico, Me refiero a un algo que tenemos dentro y que no lo inculcan desde pequeños; Pequeños puercos y cochinillos andando por las calles, algunos siendo más grandes que otros, pero al fin al cabo todos de la misma estirpe…Es increíble cómo se contagia una gripa y más si la tienes en la cabeza, tengo dos gripas la física y la mental, lastimosamente su cura no dura mucho.
Ultima Hora: la noticia que estuvo en la mira de muchos medios a causa de las consecuencias que tuvo, por fin se resuelve. Las especulaciones resultaron falsas, la mujer llamada Patricia Salamanca Mora de contextura robusta que abordó el TransMilenio en horas de la mañana y que tomó un arma blanca para acabar con su vida, resultó negativa a los test realizados; La mujer sólo tenía un cuadro de gripe común y no se encontraron registros de el virus A(H1N1); su esposo nos comenta que ella nunca se mostró con ganas de acabar ese día con su vida, “Ella sólo quería contagiar a los demás”.